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El latido de la sal


No es que quiera huir de tempestades ni revolotear tejados en tu ausencia, es que la libertad no es enemiga del reparto de dones de destierro.

Sólo quiero sentir a veces tu cintura y gozar del calor que da una rosa, encender horizontes de artificio como fuegos florales a tu paso y revolotear contigo en tu mirada el desafío que supone seas mi sueño.

Contoneas de espuma marejadas en la nave que nos lleva al precipicio, y mi condena sería navegarte como lobo de mar entre tus labios.

He perdido los puntos cardinales que me orienten a seguirte por la sombra, y los divanes me saludan como al viento con las nubes escapando de los mares.

He puesto precio al latido de la sal que se vence por doquier de soledades sal que cura las heridas, los desdenes, sal que apaga los fuegos de mis manos.

Si los dioses quisieran yacer en la palabra tomarían al amor como almohada, el llanto como la palabra oscura, la muerte como ausencia de ti, como universo que se cierra y que rompe los espejos que son sin ti abisales mares ya sin vida, y sin la sal que mana de tus sienes.

Chema Muñoz. ©

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